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NO HAY QUE DEJARSE DESANIMAR POR LAS HABLADURÍAS DE LA GENTE...

  • Foto del escritor: Blog PFSGM
    Blog PFSGM
  • hace 2 horas
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He aquí lo que San Francisco de Sales recomendaba a aquellos que, queriendo seguir al Señor, se veían abrumados por las habladurías de la gente:

 

<<Apenas la gente se dé cuenta de que has decidido seguir la vida devota, lanzarán contra ti mil flechas compasión y otros tantos dardos de pesadas maledicencias: los más enojados darán a tu cambio el nombre de hipocresía, fanatismo, traición; dirán que el mundo te ha dado la espalda y que entonces te has consolado volviéndote hacia Dios; luego tus amigos, por su parte, se apresurarán a abrumarte con reproches, tan prudentes y llenos de caridad, según ellos. Ya saben que serás triste, perderás crédito delante de la gente, serás insoportable, envejecerás antes de tiempo, las cosas de tu casa se desmoronarán; te recordarán que debes vivir en el mundo según sus reglas, que el alma puede salvarse sin tantas exigencias; y otras tonterías semejantes.

Filotea, créeme, son todas habladurías tontas e inútiles; a esa buena gente no le importa en absoluto ni tu salud ni tus asuntos.

Si ustedes fueran del mundo —dice el Salvador—, el mundo amaría lo que es suyo; pero como no son del mundo, el mundo los odia. He visto a caballeros y damas pasar noches enteras seguidas jugando al ajedrez y a las cartas […]; pero si nosotros hacemos una hora de meditación, o nos ven levantarnos por la mañana un poco más temprano para prepararnos a la santa Comunión, todos corren al médico para que nos cure de la ansiedad y de la ictericia. Pasa treinta noches bailando y nadie dirá nada; pero por la sola vigilia de la noche de Navidad, al día siguiente uno tiene tos y otro dolor de estómago.

[…] Es muy cierto, Filotea: si para agradar a los demás nos dejamos llevar a reír, a jugar o a bailar con la gente del mundo, el mundo se escandalizará; si no lo hacemos, nos acusará de ser hipócritas y tristes. Si nos vestimos bien, pensará que tenemos algún motivo oculto; si vestimos con sencillez, nos considerará personas sin educación; nuestra alegría será para él desenfreno y nuestra mortificación, tristeza. Nos mira con tan malos ojos que, por más que nos esforcemos, nunca lograremos agradarle.

[…] El mundo siempre nos hará la guerra; si nos detenemos un poco ante el confesor, se preguntará qué le estaremos contando; si nos apresuramos, dirá que hemos ocultado la mitad. Vigilará todos nuestros movimientos y, por un pequeño arranque de ira, dirá que somos insoportables; al cuidado de nuestros asuntos lo llamará avaricia y a nuestra dulzura, debilidad o simpleza, en cambio, cuando a los hijos del mundo su ira es sinceridad, su avaricia es habilidad administrativa y las libertades que se toman, franqueza: ¡las arañas siempre estropean el trabajo de las abejas!

Filotea, dejemos ese ciego: que grite hasta cansarse, como hace la lechuza para espantar a los pájaros del día. Permanezcamos firmes en nuestros propósitos, será la perseverancia la que demostrará que es con seriedad y sinceridad que nos hemos dedicado a Dios y nos hemos encaminado por la vida devota>>.

San Francisco de Sales, Filotea, Parte IV, cap. I

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